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te
gustará si te gusta... Pavement, The Oh Sees, Deerhunter, Blur, The Sonics
BANANI
Garage, indie y psicodelia cotidiana en El Arte Del Terciopelo, su segundo
disco
YA DISPONIBLE EN TODAS LAS PLATAFORMAS
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BANANI vuelve
con El Arte Del Terciopelo, su segundo álbum y el primero junto a Magic in the
Air: un disco de base garagera y guitarras sin complejos que se abre a la
psicodelia sesentera, al rock alternativo de los 90 y al indie de los 2000,
siempre desde un lugar muy propio, cercano y nada impostado.
Lejos de poses o discursos grandilocuentes, el disco funciona como un espacio de
juego y observación: canciones que hablan de relaciones humanas, noches urbanas,
egos, miedos compartidos y pequeños momentos de felicidad inesperada, con
ironía, sarcasmo suave y una mirada muy cotidiana. Ecos de Pavement, King
Gizzard & the Lizard Wizard, The Oh Sees, Deerhunter o Super Furry Animals
sobrevuelan un álbum que, por encima de todo, suena - y huele - a BANANI.
No hace falta ser un sinvergüenza para hacer un disco sin vergüenza. BANANI lo
ha hecho con su nuevo trabajo. El músico barcelonés, que lidera y da nombre a su
nueva formación, puede parecer un poco gamberro, pero no es un granuja sin
escrúpulos: simplemente no siente vergüenza porque no tiene nada que esconder,
porque su lenguaje musical es sincero, profundamente personal y mundano, cero
pretencioso. Su nuevo disco, El Arte Del Terciopelo, es un compendio de
vivencias y observaciones narradas en primera persona, sin ánimo de convertir
sus opiniones en dogmas ni sus aprendizajes en filosofía universal. Es un
retrato sin maquillar de lo que piensa, siente y vive, sin hacerse pasar, como
hacen otros músicos, por pensadores-wannabe. Porque su música es su verdad, nada
más que su verdad.
Editado en colaboración con el sello Magic in the Air, el segundo álbum de
BANANI se presenta casi como un espacio lúdico. Ya no solo por el plano lírico:
divertido, siempre punzante, vacilón y modesto a la vez, sino también por lo
mucho que su autor ha jugado vistiendo y desvistiendo sus voces con melodías,
instrumentos y armonías; como un arquitecto que disfruta forrando con su sello
genuino y personal las estructuras que construye. Partiendo de una base garagera,
con guitarras descaradas y un sonido sin complejos, BANANI coquetea con
influencias de la psicodelia sesentera, del rock de los 90 y del indie de los
2000; pero siempre sonando a sí mismo.
Sin embargo, en El Arte Del Terciopelo BANANI no habla tanto de sí mismo como de
aquello que observa en su entorno. A excepción de ‘Gato’, un corte de guitarras
vidriosas influenciado por Pavement con el que define su estilo de vida desde la
autonomía y la mimosa rebeldía, capaz de caer de pie y de volver a levantarse,
el grueso de su discurso trasciende la individualidad. |
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"Los
mejores días del año"
Hay canciones que apelan directamente a las relaciones humanas. A cómo
gestionar los egos desmedidos en ‘Ego’, que también huele al indie
deshilachado de Pavement pero más aún al flow de los medios tiempos de
Deerhunter; al equilibrio entre admiración y sumisión en la arrolladora y
casi punk ‘Písame’, que bebe directamente de King Gizzard & the Lizard
Wizard o de The Oh Sees; o al “efecto Rashomon” y los diferentes puntos de
vista posibles sobre cualquier historia en ‘Segundas partes’. Las hay
también que tocan preocupaciones universales del ser humano: cómo afrontar
los miedos que no podemos esquivar en ‘No dejes de jugar’, canción psycho-garagera
sesentera por excelencia, o la capacidad de distinguir y aprovechar esos
pequeños momentos de felicidad que se presentan cuando menos lo esperamos
en la ya conocida ‘Los Mejores Días Del Año’. E incluso en dos cortes
BANANI se permite cierta crítica sarcástica: a la generación Z con humor y
cariño en ‘Peinado de Dios’, y a quienes se alimentan del conflicto para
demostrar que la suya (la bandera, digo) es más grande en ‘Equipo
ganador’.
Otras piezas del disco, en cambio, sencillamente retratan cierto
costumbrismo nocturno, como ‘Caramelo’ y ‘Del Apolo al Psycho’. La
primera, rebosante de esencia psycho-garagera sesentera, detalla las
sensaciones de una noche un tanto narcótica; mientras que la segunda, que
transforma la influencia de Super Furry Animals en los riffs en un final
casi de trance electrónico, esconde una visión algo nostálgica de cómo han
cambiado las noches de fiesta en Barcelona.
En conjunto, lejos de ser un altivo decálogo de lecciones inspiradoras, El
Arte Del Terciopelo no pretende proyectarse más allá de la opinión y de la
voz propia de su autor. Es un humilde reconocimiento del yo, tanto a nivel
lírico y temático como en el plano formal y estilístico. Es un disco que
suena a BANANI, que huele a BANANI; su tacto de terciopelo es el de BANANI.
Y seguro que si pudiéramos degustarlo también sabría a BANANI. Es lo que
pasa cuando no tienes vergüenza ni nada que esconder porque la única
bandera que ondeas es la de tu propia verdad, personal e intransferible. |
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