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[Nota
de Prensa] Madrid, febrero de 2026
El juego comienza en el título. En este disco no hay ninguna canción que
se llame “Espejismo nº 9”, pero sí permanece el espíritu de espejismos
anteriores, cuando escribieron aquello de “Soy del lugar donde tu brújula
no apunta”. Porque el noveno disco de estudio de 091 sigue tan lejos de
las modas como de costumbre, dejando respirar sus guitarras sólidas y
expandiendo sus canciones sin trucos ni urgencias, enhebrando unas
melodías luminosas con el calado poético de sus letras. Diez canciones que
traen de vuelta su mejor rock, pop y blues, ese que bebe de los sesenta y
los setenta y suena completamente atemporal, demostrando la clase
invencible de la vieja escuela.
Desde La otra vida, su disco anterior, han pasado siete años y un montón
de acontecimientos. La banda cumplió cuatro décadas sobre los escenarios
sin autocelebrarse, compaginando su carrera con los proyectos en solitario
de sus miembros. Al frente continúan José Antonio García, Tacho González,
Jacinto Ríos y, componiendo todas las músicas y letras, José Ignacio
Lapido, que también ha grabado todas las guitarras de Espejismo nº9 tras
la marcha de Víctor Lapido. Durante casi un año, los cuatro han estado
entrando y saliendo del estudio de grabación, El Cobertizo, grabando las
canciones en tres tandas con la producción de Raúl Bernal. Y aunque al
principio pensaban autoeditarse, Universal se cruzó en su camino y
decidieron publicar el disco con ellos.
Escucha “Espejismo nº 9” aquí de 091
Ya disponible en todas las plataformas digitales |
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Empezaron modelando la pieza que abre el álbum, “Algo parecido a un
sueño”, un medio tiempo cálido con un paisaje onírico que podría afincarse
en su Granada natal, con guiños al Patio del Ciprés del Generalife o a la
calle Sol. Una calle que, curiosamente, cambió de dirección en 2016, el
mismo año que resucitó la banda, justo 20 años después de su separación.
Pura coincidencia, tal vez, o un simple espejismo con el que continúa el
juego. Porque a lo largo de su nutrida historia, 091 ha establecido un
diálogo muy particular con su público, desplegando sus propios códigos y
enriqueciendo tanto su imaginario que el oyente busca conexiones entre un
verso y otro, entre una imagen y otra, entre un disco y otro. Por eso
cuando suena “Piezas de desguace” nos acordamos de su lejano debut,
Cementerio de automóviles, aunque cuarenta años después “las piezas de
desguace ya están oxidadas y desgastadas”, ríe Lapido. |
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Pero no
se engañen: las músicas y letras de Espejismo nº9 no conocen el óxido. “Yo
pensé que al cumplir más años iba a ser peor, pero ha sido un proceso muy
natural, muy orgánico”, confiesa Lapido sobre el trabajo de composición,
partiendo siempre de una melodía o un riff antes de escoger las palabras.
En alguna ocasión ha llegado al local de ensayo con una música sin letra,
como ocurrió con “Ven vestida de nube”, el segundo single, de una belleza
tan abrumadora que provoca un stendhalazo. Ahí, en los arreglos de
guitarra, sobrevuela la influencia de la leyenda del soul Steve Cropper,
con una letra que hubiese conmovido al mismísimo Roy Orbison: “Dejo que
pasen los días esperando que lleguen respuestas, y al final lo que pasa es
la vida a mi alrededor”.
Canciones que habitan en ese limbo entre la realidad y la ficción, como
“Antes de que salga el sol” o “Puede que el tiempo”, acechadas por la
incertidumbre, como sucede en el primer single de la colección, “No tiene
sentido escapar”, y por el paso del tiempo, como en “Los cantes de la
sinrazón”, con un riff tremendamente adhesivo. Temáticas que parten de una
palabra o un pensamiento “y te abren un mundo, como túneles tapados por la
maleza”, advierte José Ignacio, con ese sarcasmo marca de la casa que
encontramos en la negroide “Dormir con un ojo abierto”. Un blues canónico,
sucio y pantanoso, que bebe de los bluesmen de Chicago, en el que nos
sugieren no bajar la guardia mientras buscamos refugio en la brújula de la
incertidumbre, esa que marca hacia la duda o el desconcierto. El mismo
tono irónico que esconde detrás de la crueldad poética de “Nadie quiere
oír tu llanto”, donde por primera vez los personajes ficticios tienen
nombre. Tipos excluidos de la sociedad que combaten contra sí mismos,
contra lo desconocido o contra el pasado, como Juana, una Norma Desmond de
extrarradio.
Esta última composición contiene una buena sesión de guitarras, en un
disco en el que predominan los medios tiempos y las melodías soleadas y en
el que contrastan los teclados y las cuerdas, jugando con la sonoridad del
Wurlitzer y las guitarras distorsionadas. Una diferencia de texturas que
está muy presente en el disco, producido por el finísimo oído de Raúl
Bernal, quien conoce a la banda por dentro y por fuera y ha pulido el
sonido manteniendo su esencia clásica.
De la ilustración que abre y cierra la funda del vinilo se ha encargado
Miguel Navia, que ha dibujado una ciudad de madrugada, “Antes de que salga
el sol”. Calles rodeadas de niebla que recrean ese limbo entre lo soñado y
lo real, repletas de simbolismo onírico, seres mitológicos y personajes
inquietantes en penumbra. Un paisaje lleno de pistas del cancionero en
cuya contraportada figuran los rostros apostólicos de los Cero, junto a un
escarabajo matriculado en 1982. Quién sabe si habrá algún guiño a Santa
Teresa, a Elvis o a Stalin, como sucede en “Una revelación”, pero la vida,
sin duda, es como esa canción: sueño salvaje que se doma, a veces sombra,
a veces resplandor. Menos mal que existen 091 para contárnosla de una
forma tan magnífica y auténtica como en este Espejismo nº9, la mejor
brújula para guiarnos en estos tiempos inciertos. |
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SOBRE 091:
No sería de extrañar que los 091 sean la banda favorita de tu banda
favorita. Nacidos en Granada, levantaron un sonido propio cuando aún no
había mapa para ello, mezclando guitarras afiladas con una profundidad
lírica inédita hasta entonces. Letras que no se conformaban con acompañar
la música, sino que la empujaban hacia territorios más literarios, más
densos, más incómodos. Fueron pioneros en demostrar que el rock podía ser
crudo y poético a la vez, callejero y reflexivo, sin perder autenticidad
ni nervio.
Que Joe Strummer produjera “Más de cien lobos” no fue una anécdota, sino
una confirmación de afinidades: actitud, honestidad y una forma muy seria
de entender el rock. Con el paso de los años, 091 no se ha traicionado ni
ha vivido de repetir fórmulas. Sus discos posteriores muestran una banda
adulta, consciente de su historia y cómoda con ella, capaz de sumar nuevas
capas sin borrar lo anterior. Un legado que no se cierra en una época
concreta, sino que crece con el tiempo. |
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